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Desde el punto de vista del marketing online, una de las funcionalidades más importantes para el uso corporativo del monstruo en que se está convirtiendo Facebook es Facebook Connect. La posibilidad de añadir una “capa social” a la navegación por mi tienda online es un objetivo perseguido por todo Director de Emarketing en la medida en que supone un conocimiento mayor del usuario que me visita, dialogo conmigo y me critica si le place; en lugar de hacerlo en otros lugares, le invito al salón de mi casa para que se despache a gusto y, de paso, me traiga a sus amigos a tomar té con pastas.
Así mejoro la sociabilidad de mi marca haciéndola más visible al permitir que estas acciones del usuario queden reflejadas en el feed de actividad de Facebook. Perfecto negocio para ambas partes, ya que Facebook proporciona una herramienta interesante de Single-Sign-On (autenticación directa por medio del perfil de Facebook) a sus usuarios, que se ahorran rellenar otro formulario más, y la empresa amplia la notoriedad de su marca al introducirla en una red de crecimiento exponencial.

Claro que este aumento del conocimiento de los usuarios que me compran, impreso en la genética del marketiniano, tiene, como siempre su contrapartida en el ámbito de la privacidad. La empresa que usa Facebook Connect tendrá que ser consciente que recabar datos de perfiles, opiniones y gustos de los usuarios de Facebook a los que sin duda, accederá (por mucho que la empresa insista incluso en su propio blog en la importancia de la aceptación de los niveles de configuración de la privacidad), tiene sus implicaciones en el ámbito legal, entre otras, la obligación de auditoría bienal obligatoria para los llamados datos de nivel medio. Por no hablar de las implicaciones legales y técnicas si tengo externalizada cualquier actividad de marketing. Y no sólo eso, también tendrá que informar en un plazo de 3 meses a los amigos a los que estoy invitando a mi casa de que estoy recabando sus datos, obviamente con fines publicitarios. Y ya sabemos que lo de recabar indiscriminadamente datos de terceros para alimentar mis bases de datos comerciales puede acabar con, al menos, una sanción de 30.000 euros del vellón.

Vamos, que al menos me tengo que parar a analizar su impacto desde una perspectiva global, en la escurridiza intersección entre tecnología, marketing y derecho. ¿Alguna experiencia al respecto?

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